¿Qué es un Bautista Reformado?
Por: Juan Carlos de la Cruz
O sea, ¿es Bautista, o se es Reformado…? ¡Explico!
Ya os lo he dicho antes. Es una total contradicción terminológica y conceptual.
¿Por qué?
Reforma(do)… es la disidencia cristiana del siglo XVI que entendía que el cristianismo debía reformarse.
Bautista… es un brazo del “separatismo” protestante europeo (especialmente inglés) del siglo XVI (con fuerte vínculo al separatismo que surgió a la par con “la Reforma” de principios del siglo XVI: los Anabaptistas). Estos, los separatistas, y por extensión los bautistas, creyeron firmemente: (1) que la religión imperante no necesitaba una “reforma”, sino nacer de las cenizas; (2) y que, para ello, debía ser evangélica, separada del Estado y perseguir la fe bíblica o primitiva (la iglesia primitiva). Y especialmente el grupo separatista bautista, que surgió entre ingleses en los Países Bajos a inicios del siglo XVII, rechazó el bautismo de infantes, cual los Anabaptistas continentales.
Esos dos elementos principales: (1) la separación del matrimonio Iglesia-Estado, y (2) el bautismo de infantes, comprendieron uno de los más fieros campos de batalla y persecución entre “separatistas” y demás grupos cristianos de los siglos XVI y XVII (católicos y demás protestantes: luteranos y reformados).
La cosa fue tan cruel que Zwinglio, el reformador suizo, borró del mapa al naciente grupo de protestantes radicales en Suiza (a los Anabaptistas); algunos lograron escapar del ahogamiento y de la hoguera, y el movimiento no murió (hoy menonitas, amish y anabautistas).
Para los reformadores, la Iglesia y el Estado debían correr juntos. Eventualmente ese matrimonio murió en la medida que los Estados fueron secularizándose.
Y, para un “Reformado”, el bautismo de infantes es “la insignia cristiana” hasta hoy. Para un bautista, el bautismo de infantes es una aberración de la narrativa evangélica, y está indefectiblemente ligado a la concepción eclesiológica que se profese. Los puritanos americanos, al comprender la falla de la falta de testimonio público que resuelve el bautismo de creyentes, hicieron un artificio en el que una persona no era parte ni miembro de la iglesia local (congregacional) hasta que llegase a la adultez y pudiera dar declaración y testimonio público de su fe. Y hasta que una persona no diera testimonio de su fe, no se le permitía ni ser miembro ni participar de la Santa Comunión. Algunas concepciones a esto fueron hechas a finales del siglo XVII, en el Pacto de Medio Camino; y en el mismo orden, la Iglesia de Cristo comenzó a decaer, recaer y decaer hasta prácticamente ser una sinagoga de Satanás. Pero igual les ha pasado a la mayoría de reformados, anglicanos y luteranos occidentales.
Algo hay en esa concepción de iglesia (de corte reformado y luterano) que la corrompe. Averígüelo por usted mismo. Ahí está la historia. Y no digo esto con orgullo. Me duele lo que les ha pasado a los hermanos en Cristo puritanos, anglicanos y episcopales, luteranos y reformados (y presbiterianos).
Así que uno es:
O BAUTISTA
O REFORMADO.
No es posible, de nuevo, terminológica, conceptual e históricamente ser ambos. Y de la única forma que podrían combinarse ambos epítetos es: (1) o cambiándole el sentido a “reformado” o a “bautista”; (2) o ignorando el significado y el sentido del término “reformado”.
¡Perdón si ofendí a alguno! ¡De corazón!
Pero me preocupa la verdad y la justicia en gran manera.

Juan Carlos de la Cruz Nació de nuevo cuando tuvo 10 años; si bien confiesa que se reconvirtió varias veces en su juventud temprana. Está casado con la doctora en medicina, teóloga, músico y maestra Anabel Santos. La pareja ha procreado dos hijos, Christ y Carlos (adolescentes ahora). Juan, además ha sido Pastor Bautista por mas de dos décadas (ver www.facebook.com/ibnjrd). Además de ingeniero químico, Juan es teólogo, ostentando múltiples maestrías en los campos de Ciencia y Teología, incluyendo un doctorado en Filosofía (PhD). Juan ha trabajado en diversos campos, es un escritor de profusa pluma, con unos 20 'libros' publicados hasta ahora (en varias editoriales), decenas de 'artículos profesionales' (en múltiples plataformas y revistas), y más de 'artículos de opiniones' en periódicos y páginas diversas.



