EL MANDAMIENTO DE LA GRACIA

Por: Juan C. de la Cruz

(Mateo 22:34-40)

INTRO

Si algo tiene este camino de vida y de fe es que es inconfundible. Como dice Isaías, por torpe que sea el que ande por este Camino, no se extraviará.

Hermanos, la narrativa bíblica nos presenta una sola línea de pensamiento sobre la vida del verdadero hijo de Dios, a saber: “Que el verdadero hijo de Dios debe andar como Cristo anduvo”; y de ningún otro modo, no según ningún otro modelo.

El llamado es a: “No amoldarse a este mundo” (Ro 12); a “estar vigilantes contra las sutilezas y sofisticaciones de los hombres” (Col 2:8-10), porque de este mundo no necesitamos ni una jota ni una tilde… nada. ¡Estamos completos en Él!

De ahí: “Que la palabra de Cristo more en abundancia en nuestros corazones”…. Complete la frase.

Por eso, tan distinguido es este Camino, que hasta “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Y se nos manda:

  • A no amar ni al mundo ni a sus juguetitos.
  • Sino a “ser imitadores de Dios y de Cristo”
  • Siguiendo la paz y la santidad en todo: “Siendo santos, como Él es Santo”.
  • A conocer a Cristo en todas sus dimensiones…
  • A padecer, si fuese necesario (que generalmente lo es), por ser copias de Cristo andantes.

Y la más exaltada explicación sobre la vida cristiana es precisamente lo que nombramos en esta exposición: EL MANDAMIENTO DE LA GRACIA: EL MANDAMIENTO NUEVO, QUE ERA DESDE EL PRINCIPIO.

I. EL MÁS GRANDE ESTABLECIMIENTO JAMÁS

Este quizá sea, si no el más, al menos uno de los Top 5 pasajes más centrales e importantes de toda la Escritura. En él, nuestro Señor no solo respondió una pregunta maliciosa que procuraba sacarlo de sus casillas —debido a lo elemental de la interrogante por parte de aquel doctor en derecho canónico—, sino que, en vez de ofenderse, nuestro amado Señor respondió al hombre con una calma y una paz amorosa, santa, sincera y sin igual. Pero también puntualizó, al citar textualmente el SHEMÁ de la TORÁ (cf. Deuteronomio 6:4-5), que el mandato de “amar a Dios con todo nuestro ser” es no solo el primero, sino el más grande de los mandamientos. O sea, que no existe comunicación, establecimiento ni mandato en todo el universo y en la historia más importante y exaltado que tal mandamiento. Esa es una declaración súper extraordinaria de parte del Señor. Estoy agradecido de que aquel malintencionado doctor de la ley haya interpelado al Señor con dicha pregunta; y más aún de que nuestro gran Dios haya orquestado que esa pregunta, con su divina respuesta, forme parte del Sagrado Evangelio de Jesucristo. ¡Gracias, amante y buen Dios nuestro; bendito seas Tú por los siglos!

Un vínculo excepcional y necesario

Jesús no solo (1) puso en perspectiva aquí que hay un orden de valor de verdad en la comunicación divina, en la Palabra santa y verdadera de Dios; sino que (2) conectó este exaltado y gran mandamiento con el siguiente (el segundo) en su escala y grado de importancia, a saber: “Amarás a tu prójimo (semejante) como te amas a ti mismo”. Esta conexión engendró un cambio radical en la comprensión del gran mandamiento de la Ley Divina. Y digo esto porque es casi imposible desvincular la declaración del Primero y más grande mandamiento de la Ley (que entra en el plano de lo metafísico) del semejante mandamiento, el Segundo: “Amarás a tu prójimo (sin distinción de ningún tipo) como a ti mismo”.

El shemá era (y es) memorizado y recitado por todo judío de corazón y religión. De ahí lo ofensivo de la pregunta del doctor, como si en un examen oral le pidieran a un profesor de matemáticas que solicita trabajo como maestro que resuelva el problema aritmético de ¿cuánto son 2 + 2? Pero tales ejercicios de memoria y recitación no desvincularon el mandamiento del reino de lo metafísico, debido a la naturaleza del objeto que se mandaba a amar. ¡Como si se le pidiese a alguien expresar sus afectos por los colores del viento! ¡Es complicado!

Pero la conexión que hizo nuestro Maestro lo cambia todo. Como si el doctor le hubiera preguntado a Jesús: ¿Ok…? ¿Y cómo hago eso? La conexión con el mandamiento inmediato lo cambia todo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y si tienes alguna duda de quién es tu prójimo, Jesús resolvió el acertijo en la Parábola del buen samaritano de Lucas 10. Por cierto, Jesús no solo explicó con dicha parábola la cuestión de quién es mi prójimo, sino que resolvió también el asunto de “cómo se ama al prójimo”. Sobre esto, el Señor ilustró sobradamente este vínculo, y su relación con la salvación, en el discurso escatológico —la sección sobre el juicio final— en Mateo 25.

Por cierto, y de hecho, el mandamiento es trascendental e incisivo al respecto: “Amarás aun a tus enemigos”… O sea, incluso tu enemigo —si lo hay— “es tu prójimo a ser amado”. Aquel que te violó o que maltrató a tu hijo(a); tu ex-cónyuge; el vecino que haría el mundo mejor si estuviera muerto; tu padre que te abandonó cuando eras pequeño(a)… etc. Y no importa si es ruso, iraní, haitiano, gringo, alemán, etc.

Por eso pregunta a modo retórico el sagrado escritor: “¿Cómo se atreve alguien a decir que ama a Dios, a quien nunca nadie ha visto, si no ama a su hermano a quien ve?” Tal desvinculación del amor es impropia e imposible. Así que en estos dos mandamientos tenemos un instrumento, llamémoslo “amorómetro”.

¿Cómo mido mi amor a Dios? En mi amor al prójimo.

Otro vínculo magistral

Dice el devoto: “Yo sé, yo sé… en los discursos de nuestro Señor, como en toda la Palabra de Dios, no hay desperdicio ninguno”. Pero aquí no estoy hablando de desperdicio. Me estoy refiriendo al orden de importancia de las declaraciones, establecimientos y mandamientos divinos. Por increíble que nos parezca, hay un Primer y más importante y grande mandato, y un segundo, y un décimo tercero, y también un quincuagésimo noveno, etc. No es un ejercicio teológico vago; es un desentrañamiento de las declaraciones precisas del Señor. O sea, aun los establecimientos y declaraciones divinas sufren grados de importancia. Sí, es real: “Acrisolada es toda la palabra del Señor”… pero eso hace referencia al carácter, no a la importancia ni a la urgencia en sí.

No pasemos por alto —sería insensatez— la cuestión del orden y grado de importancia de “los Dichos Divinos”inclusive. Pero aparte del vínculo indivisible entre el primer y el segundo mandamiento de la Ley, en el v. 40 de nuestro texto, Jesús conectó, en orden de dependencia, toda la Escritura Sagrada con estos dos mandamientos: “De estos dos mandamientos pende (cuelga, está guindada) toda la Escritura (dígase: la Ley y los Profetas)”. Esto es exaltadísimo. Y como bien declaró Agustín en su libro De la doctrina cristiana“Toda interpretación y aplicación bíblica válidas y posibles convergen en el mandamiento del amor”. O sea: “El marco de la regula fide es el amor”. Dicho de otro modo: “Toda exégesis que prescinde o que no aterriza en el amor verdadero en la práctica, es defectuosa en el mismo grado en que se aleja de este principio”.

O sea, hermanos en Cristo, servidores del Señor, intérpretes, maestros, predicadores, consejeros y escritores cristianos… todo principio, declaración, mandamiento y establecimiento divino descansa en estos dos mandamientos. Siguiendo esta regla serás un buen ministro de Jesucristo. 

Maestros y predicadores: “Si eso enseñas a tus alumnos y feligreses, serás buen ministro de Jesucristo”. En el caso contrario, puede que te halles dando coces contra el aguijón.

Este texto es digno de ser memorizado. No hay otro igual. Se trata de lo más exaltado en toda la Palabra de Dios al hombre.

II. LA LEY NUNCA HA ESTADO EN PUGNA CON LA GRACIA

Un fenómeno extraño que suelo observar en la enseñanza cristiana es que se frecuenta poner en pugna la ley vs. la gracia. Expresiones como “eso es del Antiguo Testamento”, o “los santos no estamos obligados a guardar la ley”, o “eso no se encuentra en el Nuevo Testamento”, etc. Incluso algunas más vulgares: “Eso lo escribió Pablo o Moisés, y no Cristo”.

¡Ay, ay, ay… no! ¡Oh tú, hombre de Dios, abandona esa sugerencia! ¡Te aseguro que sale de la mente de Satanás!

Lo cierto es que “la gracia” y “la ley” vienen de la misma fuente: Dios. La gracia, a resumidas cuentas, es “la dádiva del Espíritu Santo”, dígase si se quiere “la dádiva de Cristo al hombre por parte del Padre Dios, para que el que lo recibe sea salvo por medio de Jesucristo”.

¿Y adivine qué? La gracia, en cuanto a sustancia y principio (la caridad), es el amor mostrado y derramado. De hecho, en la antigüedad, por imposición del latín (y en parte del griego), “amor” no solo era sinónimo de “caridad”, sino que caridad era la palabra más frecuentemente usada para el amor. En español, la palabra amor es relativamente moderna en su connotación actual.

¿Qué estamos diciendo aquí?

  • Que el más grande mandamiento de todos —de hecho, los más grandes mandamientos de todos— consiste en amar. Sí, a Dios y al prójimo.
  • Que, por relación de igualdad o semejanza, la gracia (la caridad) y el mandato a amar son esencialmente lo mismo. Uno es un mandamiento, una declaración imperativa que se pronuncia verbalmente: AMA; otro es un principio impartido, una sustancia imputada que se pronuncia en sustantivo: AMOR.

Pero no pases por alto:

  • Que Dios es AMOR, lo mismo que Espíritu.
  • Y el Espíritu de Dios (Espíritu Santo) es la gracia otorgada; y eso implica que la gracia ha sido otorgada con su sustancia y principio. ¿Quién imparte el amor en los corazones? ¿En cuáles corazones lo imparte? ¿Cuándo el Espíritu imparte ese principio, naturaleza o sustancia en un ser humano? ¡No cuando ese ser nace de carne, sino cuando ese ser nacido ya “nace de nuevo”!

Es decir, la gracia de Dios, que es el Espíritu, es dada al hombre para y en la regeneración o nuevo nacimiento; el cual consiste en “creer en Jesús como Señor y Cristo, el Unigénito enviado por el Padre para redimir a los pecadores”. (Comp. Jn 1:12; 3:16; 17:3; 20:30-31).

III. SIN LA CONDICIÓN DE AMAR —QUE SE IMPARTE AL HOMBRE EN LA CONVERSIÓN A CRISTO—, ES IMPOSIBLE GUARDAR EL SANTO MANDAMIENTO DE LA LEY Y DE LA GRACIA: “AMA”.

La gloria del Nuevo Pacto es que el Espíritu de Gracia y Amor, el Espíritu Santo, sería dado a la humanidad en un sentido más amplio, presente y permanente a los creyentes, para que estos amaran a Dios andando en Sus mandamientos. ¿Te acuerdas? “Si me amáis… [guardad mis mandamientos]” (Cristo).

La promesa fue: “Derramaré mi espíritu sobre toda carne”

Isaías lo proyectó en un poema:

ISAÍAS 11:6-9

[6] Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. [7] La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. [8] Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. [9] No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.

JEREMÍAS 31:13-15, 27, 31-34

“Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. [14] Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová. [15] Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron… [27] He Instruments vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal… [31] He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. [32] No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. [33] Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. [34] Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.

Joel 2 lo proyectó como lo recuerda Pedro en Hechos 2: Derramaré mi espíritu sobre toda carne. Y hermanos… esas no son referencias a la vida en el cielo… como no es un puro cuento la vida de Job en el pasado. Y sin ánimo de flagelar tu conciencia escatológica, ni mucho menos… recuerda que fue Cristo quien dijo:

“El reino de Dios ya está entre vosotros”. Es decir, “esa gracia prometida” mínimo fue inaugurada hace 2,000 años atrás, con la primera aparición de nuestro Rey.

El apóstol, amados, se refirió así a este reino de amor viviente y presente, no solo venidero:

1 JUAN 2:3-6

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, [¿en qué lo sabemos?] si [condicional] guardamos sus mandamientos. [4] El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; [5] pero el que guarda su palabra [sus mandatos], en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; [¿nótese la manera de saberlo?] por esto sabemos que estamos en él. [6] El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”. [¿cuál es el estándar de amor y de vida?] Es por eso que el Señor nos dijo: “Si alguno le dice ‘necio’ a su hermano, quedará expuesto al infierno de fuego”. Eso no es una sentencia trivial. Jesús está asegurándose de que sus verdaderos discípulos son sal y luz, verdaderamente transformados. Hombres y mujeres que fueron sacados de las tinieblas y de la muerte, y trasladados al reino de vida, de luz y de amor, de justicia, paz y gozo en el Espíritu.

No se confunda, hermano(a). La narrativa bíblica nunca es confusa en esto. El carácter del nacido de nuevo está bien definido en las Escrituras (Mateo 5). Y “el distintivo” de la verdadera cristiandad es que posee el Espíritu de Dios, y este se manifiesta en vida nueva, amor perfecto o caridad, piedad o santidad, y gozo pleno y paz.

La “nueva” moralidad —la relajada y solo metafísica que se comenzó a gestar en el Renacimiento, contraria a la patrística y monasticista— es una estafa. Ese fue el choque de Menno Simons con los luteranos. “No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Dicho de Pablo en el contexto de estar describiendo cómo luce la verdadera vida cristiana en Efesios 4 y 5. Y luego nos manda el Señor: “Amados, amémonos unos a otros; [¿razón?] porque el amor es de Dios. El que no ama no es de Dios, ni conoce a Dios; [¿por qué?] porque DIOS ES AMOR”.(1 Jn 4:7-8)

Escúchelo por definición:

1 JUAN 5:2-4

“En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. [3] Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. [4] Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”.

Y escuche la voz de Dios… en un tono fuerte, como el tono en Juan 8, donde Jesús tuvo que decirle a los líderes judíos que por sus pensamientos, actitud y acciones: “ellos eran hijos del diablo”….

1 JUAN 3:10-11, 14, 16, 24

“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. [11] Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. [14] Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, [¿cómo?] en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. [16] En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. [24] Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él [¡Aleluya!]. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros [¿cómo lo sabemos?], por el Espíritu que nos ha dado”.

Escúchelo otra vez:

1 JUAN 4:9

“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, [propósito] para que vivamos por él”.

Y también:

1 JUAN 4:12

“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”.

¿Viste la conexión? ¿Cuál? Que no es posible amar; o sea, es imposible guardar los mandamientos de Dios para un hombre natural. Pero amar es el distintivo del verdadero cristiano, el nacido de nuevo.

O sea, que si tú no has NACIDO DE NUEVO, DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU, no puedes ni siquiera entender estas cosas —ver el Reino de Dios… un reino de amor, justicia, paz y gozo en el Espíritu.

Lo que es lo mismo al contrario: Que alguien que no guarda sus mandamientos —como claramente está decretado y establecido por Dios— es un CREYENTE, PERO EN VANO… es decir: ESTÁ ENVANECIDO, NADA SABE EN CUANTO A LA FE Y DELIRA EN CUESTIONES NECIAS. O sea, un creyente rumbo al infierno. De labios honrará a Cristo, pero con un corazón apartado de Él.

Si te hablaron de la posibilidad de ser verdadero cristiano sin AMAR DE VERDAD, a Dios y a tu prójimo, a tu enemigo, al padre que te abandonó, al hermano que te estafó, al ex que te traicionó… etc., etc… oh no, amigo(a)… de nuevo te lo recuerdo: te han estafado.

El amor es un principio inundante e inagotable infundido al creyente por el Espíritu en la regeneración. Ese principio imputado o impartido es, por ilustrarlo de algún modo, la exudación o el brote del Espíritu Santo. Por lo que es: ¡Imposible haber nacido de nuevo y no amar aun a nuestros enemigos, como Dios nos amó cuando aún éramos débiles! FUE EN VIRTUD DE TAL REALIDAD que el apóstol Pablo dijo: Nosotros, por Su obra de gracia en nosotros (entiéndase el que oye): “Estamos sentados juntamente con Cristo en los lugares celestiales”. Que para él daba igual estar en este estado de cosas presentes o presente en la gloria de Cristo… que le daba igual, porque para él “el vivir es Cristo, ¿y el morir?… [ganancia].

ALGUNAS APLICACIONES PRÁCTICAS

  1. En la santísima, infalible e inerrante Palabra profética y divina existe un orden de importancia en sus declaraciones, establecimientos, mandatos y pronunciamientos. (a) Hay mandamientos en orden: primero, segundo, tercero, y así. (b) Hay orden de importancia: más grande o más importante, en segundo lugar, en tercer lugar, etc.
  2. El amor es un don. De hecho, un don que se imparte al hombre en la regeneración o como fruto de esta.
  3. En materia de la gracia dada, los dones impartidos, también hay algunos menores (no en un sentido moral, sino de utilidad) que otros, de ahí: “Anhelen, pues, los dones mejores”… y de hecho: “Yo os muestro un camino más excelente… el del amor”. Ver 1 Corintios 12 y 13.
  4. La más exaltada gracia (entre las gracias comunicables) es precisamente “el amor”, que es a su vez “el gran mandamiento”.
  5. En consecuencia, amar es equivalente a guardar todos los mandamientos. Por eso Juan en su primera carta se atrevió, bajo el poder de la inspiración divina, a decir que el que ama cumple la ley perfecta y no peca; o sea, Juan definió el pecado como “el acto de no amar”. Y no creo que se necesite ser un exégeta extraordinario para ver la relación de contrarios entre “AMAR” y “PECAR”.
  6. Ama y serás perfecto: “Ve tú y sé perfecto”… o sea: “Sed, pues, vosotros perfectos… como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Y, amados, no amar es un grave problema. Si el amor (la caridad) es un don impartido, y si es un mandamiento superior y rector, ¿acaso tiene algún sentido no amar si se reclama haber nacido de nuevo? Es como si alguien estuviera borracho y totalmente sobrio; o como si alguien fuera fiel pero promiscuo y ladrón.

Yo creo que la mayor muestra de amor posible al prójimo es predicarle el evangelio y hacerlo discípulo de Jesús. Y también creo que la mayor indiferencia y aborrecimiento hacia una persona es ocultarle a Cristo, tanto con la vida como con las palabras.

Señores, la convergencia y conclusión de todo el haber exegético y teológico es “AMOR Y AMAR”. La regula fide, el marco exegético, la única aplicación posible. El axioma, decreto y confesión pragmática y declarativa más elevada de toda existencia, inclusive la divina.

Y Dios (como decimos en mi región: Se curó) al establecer la gracia del amor más allá del plano declarativo, legal y metafísico. Lo modeló en Cristo para nosotros; y además, puso el ejemplo del prójimo y el amor tuyo y mío.

Ah, y no se confunda con una opinión barata y humanista de la escatología: “El reino de Dios fue inaugurado en la 1ra. venida de Cristo”. Da igual lo que suceda aquí y ahora: ¿No tenemos ya la mejor parte de la herencia, a saber, el Espíritu, el amor, Su gozo y hasta Su verdad? Pues Su reino es de eso: gozo, amor, justicia y verdad.

Hermanos: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor…”; creciendo en gracia, de gloria en gloria, triunfantes en Cristo, a pesar de las necesarias pruebas y tribulaciones… “con el gozo puesto delante”“siguiendo la paz y la santidad en todo, sin la cual nadie verá al Señor”.

El amor es más que un concepto, declaración o mandato. Se trata de un principio, una sustancia y una fuerza activa, positiva y dinámica. Es inundante, y así como la luz disipa las tinieblas, el amor disipa a su contrario (el odio, la indiferencia, la frivolidad, etc.)

Pablo terminó refiriendo que esta sobreexaltada gracia, en quien no la posee (1 Corintios 13), evidencia una vergüenza: “nada es” y “para nada sirve”.

Al final, la cuestión no creo que sea cuánto uno ama, sino que verdaderamente ama. Personalmente, se me hace difícil ver una dosificación del amor como decir “yo te amo un 75 por ciento” o algo así. O decir: “Yo soy fiel en un 98%”. Es decir, esa clase de virtud de la gracia no sufre grados en su calidad. Podrá el amor sufrir grados en su intensidad, pero no en su calidad. Otras gracias sí sufren grados de ocupación —tampoco de calidad—, como la segunda y más exaltada de las gracias: “la fe”. Pero este escrito consejo tan breve no alcanza hasta ahí.

¿SABES QUÉ?

EL GRAN MANDAMIENTO DE LA LEY ES EL MISMO MANDAMIENTO DE LA GRACIA Y DEL NUEVO PACTO. POR ESO DICE:

“Un mandamiento nuevo os doy [sí, uno que era desde el principio]: QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS; COMO YO OS HE AMADO, QUE OS AMÉIS TAMBIÉN VOSOTROS”.

Estimados: ¿Quedó claro cuál es el mandamiento de la gracia? ¿Y por qué es tan distintiva, tangible y medible la gracia en un cristiano verdadero?

Tú puedes, y harás bien: “Amar como Dios ha mandado y olvidarte de todo lo demás, y harás bien”. ¡Ama a todos! ¡Amén!

Sugerencias Exegéticas y Teológicas

Su escrito tiene una fuerza homilética admirable y un hilván teológico muy sólido que conecta el pacto abrahámico/mosaico con el Nuevo Pacto a través de la sustancia del amor. Para enriquecer aún más el texto (sea para publicación o predicación), le sugiero considerar los siguientes puntos:

  1. La tensión semántica entre Amor y Caridad ({\alpha}\gamma\alpha\pi\eta vs. Caritas): Usted hace una excelente observación histórica sobre el latín y el español moderno. Exegéticamente, vale la pena subrayar que el griego del Nuevo Testamento rescató un término casi en desuso y plano (agape) para llenarlo de un contenido teológico completamente nuevo: el amor de elección, sacrificial e incondicional. En la Vulgata latina se tradujo como caritas (estimación de alto precio / joya preciosa) precisamente para diferenciarlo del amorpasional (eros) o el afecto natural (philia). Resaltar que el amor-gracia es un "amor de alto costo" (el precio de la sangre de Cristo) apuntalaría perfectamente su sección II.
  2. La anatomía del Shemá en el Contexto Político del Siglo I: Cuando Jesús responde al intérprete de la ley citando Deuteronomio 6:4-5, no solo está respondiendo una pregunta académica. En el siglo I, los rabinos discutían si había mandamientos "leves" y mandamientos "graves" (para priorizar en la práctica). Al unir Deuteronomio 6:5 con Levítico 19:18 ("amarás a tu prójimo"), Jesús hace una exégesis radical (una Gezera Shawa rabínica): coloca el amor al prójimo al mismo nivel ("semejante") que el amor a Dios. Para el legalismo judío, esto fue una bomba exegética. Dios no recibe amor que no se filtre primero a través del trato al prójimo.
  3. El Vínculo con Menno Simons y la Anabaptistería: Su alusión al choque entre Menno Simons y los luteranos de la Reforma Magisterial es un diamante histórico en el texto. Para enriquecerlo, podría precisar que la queja anabaptista radicaba en que la justificación por la fe luterana corría el riesgo de quedarse en una "ortodoxia cerebral" (una fe metafísica, como usted bien describe), mientras que Menno Simons exigía una ortopraxis radical, donde la fe debía ser visible en el tejido comunitario y la no-resistencia (amor al enemigo). Esto valida magistralmente su punto de que el amor es medible y concreto, no mera teología especulativa.
  4. Profundizar el v. 40: El Amor como la "Percha" de la Revelación: La palabra griega para "dependen" en el versículo 40 es kremannymi, que literalmente significa "colgar" o "pender" (como la ropa en un perchero o un objeto de un clavo). Si quitas el clavo (el amor), toda la estructura de la Ley y los Profetas se desploma y cae al suelo en desorden. Esta imagen visual refuerza brillantemente la cita de Agustín que usted utiliza sobre la regula fide.

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